LUNES 23 DE MARZO

Son las 8:00 a.m. De nuevo hoy de guardia Covid. Camino por los pasillos apresuradamente hacia mi puesto de trabajo y me cruzo con compañeros a los que saludo con la mirada. Adivino alguna sonrisa bajo estas mascarillas que nos deshumanizan. 

Me siento joven y con energía para afrontar el día de hoy. Saludo al entrar a mi equipo de enfermería. Enfermería siempre ha sido un colectivo con el que tenemos a veces ciertas discrepancias, pero en estos momentos siento que se vuelcan con su profesionalidad y simpatía para vestirnos correctamente con los trajes EPI en este arduo proceso que tenemos que llevar a cabo a diario. 

Delante de mí tengo a una enfermera que me indica que empecemos a vestirnos. La conozco hace años pero me llama la atención la amabilidad con que me ayuda señalando qué pie o pierna va primero, soportando en ocasiones nuestros errores de concentración durante este metódico proceso que se ha convertido en nuestra salvación, vuestra salvación. 

Profesionalidad y calidad humana se mezclan a partes iguales cuando el único hilo que nos une es la voz o la mirada. Este tipo de gestos hace grandes a quienes llevan a cabo su labor con tanto empeño. 

Me visto rápidamente y noto que mis manos tiemblan. Respiro profundamente y me mentalizo focalizando la meta, como cuando competía en carreras de montaña y sólo existía el mundo y yo. 

Ingresa la paciente muy joven afectada por esta cruel enfermedad que no entiende de jóvenes o mayores. Me acerco a su cama, donde se encuentra absolutamente tranquila, colaboradora. Cuando le pregunto, me responde a lo que le pido, no añade ni una sola palabra más, sólo me mira… 

Me llama la atención su pasmosa tranquilidad. Una joven, que está en una UCI, viendo a su alrededor cómo todos nos ponemos estos trajes que nos hacen parecer astronautas y manteniendo una calma que jamás vi en todos los años que me acompañan en mi trabajo. 

Está tan estable emocionalmente que no alcanzo a vislumbrar ningún gesto que delate nerviosismo o miedo. Noto cómo barre con sus ojos la habitación, registrando cada uno de nuestros movimientos de forma silente, pero cuando le preguntamos responde con absoluta tranquilidad a todo lo que le solicitamos. 

Ni una palabra más ni una palabra menos. 

Su gesto es de absoluto sosiego. Si estuviese nerviosa lo notaría, eso no se puede ocultar, esta situación no hay forma de disfrazarla, y su serenidad me llama tanto la atención que no puedo dejar de mirarla. 

Estoy completamente segura de que es conocedora de todo lo que se le viene encima y no alcanzo a comprender cómo mantiene la compostura con esa dulzura que debe brindarle la juventud. 

Le explico lo que pensamos hacer, colocarle una catéter central. Ella simplemente me mira. «Te voy a pinchar en la vena yugular, notarás el paso de la aguja pero no vas a tener dolor, esto no te tiene que doler». Le pregunto si quiere que le cojamos la mano y noto cómo se la agarra a la auxiliar que está ayudándome en el procedimiento. 

Al inyectarle la anestesia en el cuello, no hay respuesta ninguna al miedo, no sé taquicardiza, qué es lo normal en estas situaciones. Infiltro con sumo cuidado la zona en cuestión. 

Comienzo a buscar la yugular y las yemas de mis dedos notan que algunos planos musculares están absolutamente pétreos, hasta tal punto que casi impiden el paso de la aguja. En ese instante todo cobra sentido… 

La ausencia de expresiones es por la rigidez que le impide cualquier gesto que delate el miedo que aterra a cualquier ser humano en esta situación y despojado de las personas a quienes más quiere. 

Y, allí sola, esta joven no podía hacer otra cosa que sentir miedo. En la UCI somos muy humanos, pero en este caso, después de intubarla, además le acaricio la cara mientras me mira. Quiero agradecerle que se haya portado tan bien, que nos haya facilitado tanto el trabajo y quiero que se quepa que no está sola, que yo también estoy allí a su lado. 

No me emociono con facilidad, son muchos los años a las espaldas tratando con personas a diario, pero acariciando su piel rígida como el mármol tengo que tragar varias veces, para pasar este nudo que se coloca en ocasiones en la garganta hasta el punto de dificultar la respiración. 

Todo sale perfectamente y allí queda intubada en decúbito prono. La respuesta es buena durante la guardia. Por la mañana me despido de ella. Nada más deseo que volver a verla. 

PD: Agradecer siempre y eternamente a esa enfermería y auxiliares de enfermería que con su dedicación SIEMPRE nos protegen al colectivo médico. A los pacientes, que sepan que dentro de la deshumanización de esta situación, vamos a estar con ellos, luchar con ellos y no le abandonaremos jamás.

8 pensamientos sobre “LUNES 23 DE MARZO”

  1. Me estremece lo que leo…se agradece tanto tener a personas como tú y gente como la de tu equipo en situaciones tan críticas y complicadas como las que se están viviendo… no puedo evitar sentir miedo y pedir que ojalá no nos toque este maldito virus. No paro de pensar que pensaría esta pobre chica entre tanto alboroto. Pobre, sólo pediremos que salga de esto pronto y pueda contarla como una «experiencia» que la marcará de por vida. Me encanta leerte Cristina. Bss. Y cuidate❤

    1. Que testimonio tan desgarrador pero tan bello a la vez gracias mil gracias a ud y a su equipo por estar ahí luchando jamás podremos agradecer la labor que están haciendo pero desde mi corazón atorazonado quiero enviarle mi cariño q lo sienta cada vez q así lo necesite

  2. Me gusta la sensibilidad que demuestras con tus palabras y expresiones. Un beso.

  3. Dios mío, imposible no llorar! Soy de Argentina, estamos en el sexto día de la cuarentena, creo, ya perdí la cuenta. Según los números de infectados dice que vamos bien!
    Desde mi casa me siento tan inútil, y lo único que puedo hacer es enviar fuerza y amor a todos ustedes! España, Italia sean fuertes. La pesadilla en algún momento debe terminar! No bajen los brazos por favor!!
    Te saludo con el codo, pero te envío todo mi amor y admiración.

  4. Hola, Cristina!
    Vaya panzada de llorar que me estoy metiendo,
    Gracias porque a veces también hay que hacerlo, te vi en las noticias y digo… Esta chica fue de mi grupillo de Solinca, que buenos tiempos aquellos! Me acuerdo cuando llegabas de echar guardias de 24 horas y no entendíamos cómo podías tener ganas, y ahora sé el por qué tienes toda esa energía, ese equilibrio, sabes llevar vida familiar, ocio, trabajo.. Enhorabuena, gracias por todo lo que haces por nosotros, me alegro de verte por estos lares, y sigue así fuerte, con vida, con ánimo que nos tienes que cuidar a todos! Y luego cuando acabe todo esto te toca ración doble con tus peques y familia❣️❤️

  5. Vi tu blog y es hoy cuando he decidido leerlo al completo.
    Sois muy grandes, gracias por ayudar a tanta gente.
    Espero que esta chica ya esté recuperada …
    Un abrazo y ánimo

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