MIÉRCOLES 25 Y JUEVES 26 DE MARZO

Termina mi turno, tras 24 horas y una dura noche donde las asistencias no han dejado tregua alguna, comienzan a hacer mella en mi cuerpo y en mi alma. Me dirijo hacia mi coche abro con el mando y me siento, me reflejo en el espejo, no sé cuando fue la última vez que hice este gesto, miro mi imagen demacrada a través del retrovisor y me digo “me hace falta un buen arreglo en el pelo”. Me pregunto por si mis pacientes serán capaces de ver estas ojeras a través de las mascarillas, quizá sea mejor que no lo hagan, aunque mi aspecto físico ahora es lo de menos.

Con las primeras luces del día me dirijo hacia mi casa, y por suerte el escenario se repite como en días atrás… vacías… me digo a mi misma: venga, vamos a aguantar un poquito más, ya queda un día menos. Cerca de mi domicilio hay una residencia de ancianos, sé que les llevo un buen regalo… unas modistas que se pusieron en contacto conmigo me hicieron llegar unas mascarillas de tela, no son muchas pero como la residencia es pequeña pienso que les hará el avío. Llamo al timbre y me abre una chica entre tímida y asustada, me presento le digo a que me dedico y le ofrezco la donación que me hicieron las costureras, nos quedamos hablando en la puerta a una distancia de seguridad y me cuenta que los recursos son tan limitados, que muchos días tienen que comprar sus propias mascarillas para poder trabajar y que como no todos los días hay abastecimiento en las farmacias, en algunas ocasiones han tenido que trabajar sin tener las medidas necesarias, trabajando completamente “desnudos” frente a esta terrible enfermedad. Palabras que me clavan un puñal en el pecho, si no protegemos a este colectivo, seguirán llenando los hospitales y colapsando el país. Intento disimular e impacto de sus declaraciones y me marcho dándole vueltas para ver como puedo desde mi posición en poder ayudar.

Entro en mi refugio, en mi hogar, como algo ya metódico, me doy una ducha caliente, esa ducha que me “desinfecta” del hospital. Abro las puertas del dormitorio donde mis hijas duermen muy juntas y en paz, me contagio de dulzura pero rápidamente salgo a sentarme en el ordenador ya que tengo que aprovechar el tiempo al máximo antes de que la casa resuenen sus risas y sus juegos . Mientras bajo las escaleras, voy marcando un número de teléfono. Me pongo en contacto con Manuel José de Lara, dueño de Caverland, una empresa que ha tenido que hacer un ERE de todos sus trabajadores. Él, como muchos autónomos empresarios que nos quiere ayudar, trabaja sin descanso durante día y noche para la fabricación de 14.000 pantallas/viseras individuales que van a proteger a todo el personal sanitario malagueño (extrahospitalaria, intrahospitalaria, residencias de ancianos, etc). Todo esto ha sido posible gracias a la aportación económica de dos personas maravillosas que sin conocerlas físicamente, han conquistado mi pequeño corazón.

Respiro hondo de la emoción pero me invade una angustia vital, cómo puedo organizar la distribución de todo este valioso material, yo, una simple intensivista, soldado raso. Mientras tanto en mi grupo de mis amigos de la Facultad, me hacen encargos para ellos y su personal, pero me repito a mi misma que esto no cumple principio de justicia y equidad (entonces, me acuerdo de mis padres, mis maravillosos padres, que siempre me han educado de que nadie es más importante que nadie).Por lo que, tengo que contactar con las altas esferas del SAS. Una llamada tras otra, una contacto que a su vez me proporciona otro y al final me contesta una señora con una voz dulce y amable, que se presenta como la directora de la plataforma del SAS, le explico nuestro proyecto, donde estamos y lo que distribuimos y noto desde el otro lado de la línea , una resoplo de aire fresco y pienso que no me gustaría estar en su posición actual. Respiro y me mantengo viva cuando me responde de que nos agradece nuestra donación, que la llevemos al centro de distribución central y que desde la plataforma la harán llegar a todos los sanitarios malagueños que como yo, están luchando sin piedad.

Mi mandíbula comienza a relajarse necesito ir poco a poco, el camino será más largo de lo que pensaba y tengo muchos frentes abiertos. En casa, noto que no estoy concentrada, enciendo mil y una veces la pantalla de mi teléfono, ya es como un acto reflejo, pero hay una cita que no puedo obviar. Es una reunión virtual que hemos creado un grupo de amigos de la Facultad, a la que le hemos denominado, SOCIAL COVID formado cada vez con más compañeros (esos compañeros guerreros que siempre hay en la facultad). Nuestro objetivo común es detectar las deficiencias sociales y necesidades básicas en la residencias o sitios de beneficencia que sabemos de buena mano que no les está llegando la ayuda y queremos ser el vehículo de empresas o donaciones para hacerle llegar todo el material que necesiten. Las horas me pasan por lo alto, intento aportar, ayudar y solucionar problemas durante todo el día, yo, al igual que mis compañeros estamos hasta el cuello, pero es un lujo ver como te rodeas con tanta gente con ganas de aportar y ayudar. De pronto, son las 9 de la noche y alguien se acerca por detrás : Cariño , tienes que comer algo. Le contesto que ya voy pero antes tengo que dejar plasmadas todas las cosas buenas del día que están pasando dentro de esta vorágine de enfermedad, estrés, muerte y ansiedad en la que me encuentro inmersa. Ya por último, ya es medianoche, subo las escaleras y abro la puerta, mi familia duerme plácidamente, cierro la puerta lentamente y me dirijo sola a mi habitación, me echo en mi cama y por fin mi mente empieza a descansar.

PD. A todos los empresarios, fundaciones y personas que de forma particular, estáis mostrando tan grande solidaridad. Si somos el país líder mundial en trasplante de órganos, como no vamos a ser el país más solidarios entre nosotros también. Mi más sincero agradecimiento, a cada persona que con su pequeño o gran labor nos estáis dando las alas para poder seguir enfrentando cada día a esta triste realidad.

2 pensamientos sobre “MIÉRCOLES 25 Y JUEVES 26 DE MARZO”

  1. Yo soy de Paraguay y estoy siguiendo tu diario y lo único que les puedo decir que estoy muy orgullosa que haya persona como usted en nuestro mundo. desde acá le doy mucha fuerza y que juntos lo lograremos no decaigais oramos por ustedes

  2. Eres increíble más gente como tú hace falta en este mundo te sigo desde madrid y desde el primer día que leí de ti alucine, tus palabras sin una sola crítica al sistema( que seguro que habrá muchas) todo solidaridad y actos de buena fé, eso dice mucho de ti, mucho ánimo y fuerza para ganar esta batalla que poco a poco se va ganando. Un saludo.

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