JUEVES 2 Y VIERNES 3 DE ABRIL

Me encuentro mal. No logro quitarme esa pesadez que oprime nuestras vidas. Me siento furiosa con el mundo que debe de estar demasiado esquilmado para sacarme de mi amargura. De nuevo me levanto, no sé ni qué día es hoy, me visto y me voy de nuevo al hospital con la intemporal seguridad de saber de cuantos pacientes nuevos hay o cuantos ya no están. 

Mientras me cambio en mi vestuario, veo a mis compañeros que entran,saludan y se cambian con rapidez mientras yo, los observo y voy a otra velocidad. Entro en mitad de la sesión y contemplo en el estadillo de la unidad, que hay una cama libre cuando ayer no. 

Me quedo sentada, sumida en mis pensamientos, y revivo la última conversación telefónica que tuve con su hijo, en ella intuí que su hijo podría ser de mi edad, fue amable y atento conmigo, relució entendimiento de la situación y nos despedimos dándonos ánimos mutuamente sin saber que ya no volveríamos a hablarnos jamás. Traté por todos los medios de concentrarme durante el pase de guardia y aunque mi mente vagaba, ahora más que nunca lo que nos sostiene a seguir trabajandoes la compasión y el amor. 

Transcurre mi mañana en los módulos como los demás mientras trabajamos a toda velocidad, mezclamos nuestra tensión y aunque tenemos grabado desde hace mucho tiempo que el hecho de morir es igual al del vivir,desempeñamos nuestra función de cuidar hasta la extenuación. Rozaba ya la media tarde cuando fui tragada por la llamada del busca, e instantes después me vi recorriendo un pasillo con mi traje EPI a la sexta planta. Entro en la habitación COVID, descubriendo cómo me miraba un señor mayor.

-“Buenas tardes, soy la Dra.Cristina Salazar, médico intensivista”. 

– Me miró y contestó: “Por fin, alguien que me escucha”….

Esas fueron sus primeras palabras, aparentemente no presentaba signos de alerta para bajar a cuidados intensivos, pero me presté a cumplir con su deseo, seguí de pie escuchando como me relataba que él había sido médico homeópata durante 40 años y que aunque era consciente del peligro inminente que corría su vida, él insistía en que si alguien le traía sus “bolitas” sobreviviría. Su cabezonería e insistencia me hace dudar, probablemente el paciente vaya a fallecer, algo que a lo mejor no podemos cambiar, pero ahora más que nunca debemos cuidar lo emocional. Hago Una llamada a su familiar que se encuentra muy lejos, éste a su vez avisa a un vecino el cual las trae al hospital. Se las toma con avidez, y automáticamente después aún sin soltar el vaso del agua dice muy convencido:

“ Por fin me voy a poner bien”. 

En ese momento, aprovecho para preguntarle qué piensa de la intubación y de la ventilación mecánica invasiva pero el me sigue contestando de que no las va a necesitar, de que ya está bueno.Así que salgo de la habitación,y sé que si la muerte llama a esta habitación del hospital él se enfrentará con todo sucuerpo y toda su alma, porque el alma también sufre, como la nuestra. 

Mis intentos de dormir fueron sistemáticamente interrumpidos durante la noche por incesantes llamadas que requirieron mi atención. Termina mi guardia tras 24 horas, entro a casa por el garaje, me voy desvistiendo poco a poco, dejo los zapatos apartados y escondidos siempre en el mismo lugar, entro en mi ducha y de nuevo vuelvo a respirar mientras hago todo esto, Hachitko mi perro me mira y ni siquiera mueve el rabo, sabe que estoy rendida. 

Pero ahora resulta difícil creer que aunque ya llevamos mucho recorrido desde que empezó todo esto, la sensación que nos sacude ahora es rara, como cuando te planteas correr una carrera de 100 km, en que a priori son muchas las dudas que te atormentan durante la salida, como por ejemplo de saber si estarás entrenado o podrás llegar y en el km 20 vas fatal, te duelen las rodillas, tienes alguna ampolla que te roza la mochila y estás apunto de retirarte, todo es malo, pero al alcanzar el km 50 km ya nada te parece tal, ya no te duelen tanto las rodillas, ya te da igual si te roza la mochila… así nos sentimos ahora en el hospital. Se que mi condición de atleta me ayudará a recorrer esta ultra, así que bajo decidida las escaleras y me siento en mi “lugar” intelectual. Solo estamos mi ordenador y yo, Hachitko a mis pies, y mientras trabajo con mi grupo SOCIALCOVID mis hijas corriendo y jugando y la mujer que las cuida llamando la mayor para que haga los deberes (….. lo siento Martina, por no poderte ayudar ahora, yo sé que algún día me entenderás). Sin darme cuenta, recibo un video de Whatsapp de que algo ha pasado, es el traslado de dos pacientes que salen de la UCI , siendo escoltados por todo el personal, sin ninguna distinción, todos aplauden a la vez. Mientras se alejan todos los compañeros van saliendo de los diferentes módulos para sumarse al respeto y el reconocimiento mutuo de esta gran celebración. 

Miro el reloj, son las Cinco. Uno de los mejores momentos del día, es el momento de SOCIALCOVID (facebook/groups). Desde hace ya más de una semana, entrego un poquito de mi tiempo a esta reunión. Nos conectamos por móvil con los audífonos a todo volumen.Somos un grupo de médicos y enfermeros cuyo objetivo común es el de humanizar nuestra actividad.Mandamos desde nuestra página mensajes posibilistas y defendemos la acción social, sabemos que los enfermos más susceptibles son los que están en las Residencias por eso creemos que vuestra ayuda es vital, es necesario mejorar sus necesidades y todo ello centralizado en la Unidad de Residencias, organizado por la increíble labor de alguien que acabo de poner cara hace unos pocos días,pero sé de su existencia desde hace tiempo por su gran labor humanitario y porque es familiar de un gran amigo mío intensivista. A veces pienso que esto estaba ya premeditado, que esta catástrofe estaba esperando su momento mientras no éramos conscientes de su peligro pero a pesar de la adversidad nos reincorporamos y hacemos nuevos lazos de unión entre personas que hace muchos años no nos habíamos visto y con otras nuevas que tienen algo que aportar a esta historia. Ahora sé que debo de “estar” con los demás, en el hospital y en mi labor social, porque soy una soñadora y sueño con la antigua realidad.