LUNES 6 DE ABRIL. I WON’T GIVE UP

Me había ido a la cama con el sueño de poder dormir, pero pasan las horas y no encuentro descanso incluso tomando el bromazepam . Suena el despertador, abro mis ojos y sin estar totalmente reestablecida, me levanto, tomo mi café rápido y saludo al sol. 

En el hospital hoy voy a trabajar en otra unidad junto con los Anestesistas, antes de la pandemia era evidente en algunos hospitales la exasperante falta de conexión entre estos dos servicios. La pandemia ha cambiado todo, ahora trabajamos conjuntamente y con respeto mutuo. Hacemos un sesión conjunta: el médico “saliente” nos cuenta las incidencias durante la guardia. Paso mi mañana con ellos, ayudándoles y ellos ayudándome. Revisamos tratamientos, cultivos, pronamos y despronamos a los pacientes que lo precisa. Observo que hay enfermeros nuevos, pero que se encuentran acompañados de otros “más” antiguos. Noto como los “antiguos” están armados en todo momento de paciencia y de generosidad para enseñar y explicar, siendo discretos ante esta dificultad. Y recuerdo, que hace tiempo yo era profesora del Máster de Cuidados críticos para enfermería, que me encantaba enseñar. Ellos sí que son un cuerpo de élite, altamente especializados, son un colectivo que al igual que nosotros a veces trabaja de forma irregular y si le llaman para trabajar en UCI y dicen que no (porque no te ves capacitado para tanta tecnología) le sancionan. Ellos sí que son los héroes de esta historia, ellos siempre están en la cabecera del enfermo con complejisimas máquinas que soportan al fracaso de órganos establecido. Añadiendo de que ahora sus enfermos al igual que los nuestros tienen un virus mortal que es altamente contagioso. Pasan horas y horas dentro de los malditos EPIs con mascarillas especiales y gafas de protección sellada a sus caras, cuando termina su turno o se quitan las gafas, los examino y aunque tienen los rostros desfigurados, aún me sonríen, me transmiten paz. 

Voy comparando nuestra situación de hace un par de semanas con la actual; es una realidad ya por todos conocida, el desabastecimiento de material de protección individual,en mi hospital se ha creado por la iniciativa de un amigo mio enfermero, un circuito de desinfección para los EPIs para su reutilización porque aunque intentamos programar cuantas veces lo vamos a utilizar el dia, no sabemos si la semana que viene tendremos para todos o para uno mismo así que cuidamos con el máximo mimo nuestros trajes de “superhéroes” que son por ahora nuestra salvación. 

Reviso el histórico de fármacos administrados a mis pacientes cuando recibo una llamada desconocida, es de otro medio de comunicación, esta vez les pido disculpas por no poderles atender y que más tarde les llamaré. Recibo cada día, llamadas y mensajes de medios de comunicación y aunque noto la calidez y las felicitaciones del personal tanto sanitario como los que estáis ahí valientemente confinados,sé que este camino no es fácil. Sé que os he abierto mi corazón. 

De camino a casa, llamo a una compañera mía que es de Tomelloso, su hermana también médico está ingresada en el hospital y le pregunto de cómo está. Ingresó por una neumonía grave y aún no está intubada, suspiro de alegría . Le pregunto por si su marido ha podido ponerse en contacto con videoconferencia con ella, me dice que no. 

Termino mi trabajo pero antes informo a “mis” familias, busco ese momento de privacidad, les informo por teléfono pero hoy les doy una sorpresa que la reciben con satisfacción. Le doy un telefono de contacto para llamar a un grupo de voluntarios sanitarios que harán una videoconferencia, noto su inmensa alegría y lloran de emoción. 

Son las tres de la tarde, anhelo llegar a casa para descansar, necesito descansar. Directamente me engullo en la ducha, y me tiro en la cama. Bajo la persiana y encuentro por fin mi descanso merecido. Cuando me despierto, mis niñas estan jugando en el jardín y mi marido con ellas. Si algún día acaba esto, tendré que comprarle la ansiada bicicleta de montaña que hace muchos meses me pidió. Yo no podría hacer esto sin su ayuda, y él como pareja de sanitario, cada dia me espera en casa con una sonrisa. 

Miro el reloj, son las 17:15 pm, y pienso “Ya se habrán conectado”. Como rápidamente un sándwich y me pongo en contacto con mi grupo SocialCovid. Terminamos siempre riéndonos, y nos damos cuenta de que progresamos y ayudamos a las Residencias cada día más y más. 

Al fin son las seis de la tarde y me quiero desconectar del mundo, mañana tengo guardia y quiero estar bien y dar lo mejor de mi misma. Creo que hoy no voy a escribir (piensa mi mente) pero sin darme cuenta (ejecuta mi corazón) me conecto en mis redes sociales y me fijo en mi blog (cristinasalazar.es), empiezo a leer mensajes privados que nunca antes había leído, porque no tengo tiempo, creedme. Hay uno que me llama la atención es la de una traductora que está “esparciendo” el diario por todo el mundo, mandándome mucho cariño y energía. De repente, ya no tengo tal cansancio y escribo hoy por fin. 

2 pensamientos sobre “LUNES 6 DE ABRIL. I WON’T GIVE UP”

  1. Gracias por contar y mostrarnos lo que realmente estáis pasando y realizando en vuestros hospitales.
    Mucho ánimo y fuerza.
    Un abrazo,

  2. Hola Doctora Cristina, ni nombre es Irene y coincidí con usted un domingo que le tocó guardia, mi madre estuvo en la UCI en el mes de Enero, por degracia dos semanas después en planta se nos fue…
    Sigo su blog, y le quiero transmitir mucha fuerza de parte mía y de mi familia, dentro de la desgracia pudimos estar con mi madre hasta su último suspiro. Que nos os falten las fuerzas en esta lucha, saludos también a su compañero el Doctor Vallejo que fue quien atendió día a día a mi madre.Gracias por todo, mi madre estuvo en las mejores manos

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