MARTES 7 Y MIÉRCOLES 8 DE ABRIL

No sé qué hora es, mis ojos se abren sin que haya sonado alarma alguna, por fin me siento descansada. Estas “nuevas” pastillas me hacen más efecto, por fin me atrapa una extraña sensación de paz y tranquilidad y aunque sea momentánea, disfruto el momento. Antes de irme, organizo la comida y los deberes de Martina. Hoy de nuevo guardia de 24 horas. Me despido de mis hijas sin prisa alguna, todo fluye…. Es de esos días en que notas que le sol te calienta cuando te da en la cara, como queriéndote saludar; conduzco sosegada, no encuentro tráfico, no hay atascos, nada puede quitarme esta sensación de bienestar.

El día transcurre tranquilo, entre valoración y valoración de pacientes en planta, asisto a una hemodinámica en un paciente que está sufriendo un infarto de corazón (por fin algo no COVID, me digo) pero cuando le pregunto a qué hora empezó el dolor, me apeno al escuchar que llevaba ya tiempo aguantando y aviso más tarde de lo habitual por miedo a acudir al hospital. Estamos viendo los efectos colaterales de esta pandemia, la gente resiste en casa y cuando no tienen más remedio, nos llegan más “pasados” siendo los tratamiento menos eficaces y la mortalidad mayor. 

Entrando la tarde, y cuando me dirigía a mi unidad escucho los sollozos de una compañera, me paro a preguntarle si le pasa algo y mientras me siento a su lado y su respiración se normaliza me cuenta que lleva varias semanas viviendo en un hotel por decisión propia, ella vivía con su madre y su hija pequeña, y que aquí no tienen más familia. Como su madre es la cuidadora de su hija y ella trabaja en el hospital, no hay nadie que quiere cuidar a su hija por miedo a contagiarse, así que para minimizar este riesgo decidió irse fuera de su casa mientras esta locura durase y de esta forma proteger a su familia. Cada día ve a su hija en una videoconferencia y mientras me relata su amargura, se me hace un nudo en la garganta que no mejora. Intento darle opciones, pero el poner un anuncio en un periódico para que cuide a su hija, a lo más valioso de su vida, sé que no es buena idea. El dilema rebota dentro de mi cabeza como un péndulo de metal y es cuando pienso en quién nos puede ayudar: administraciones, guarderías para sanitarios de forma temporal? 

Son las cinco de la madrugada y suena mi busca, hay que valorar a un paciente con disnea, antes de subir a la planta, me cambio en mi unidad, como si se tratara de una ceremonia, me visto con sumo cuidado. Llego a la planta donde la enfermera y su médico me esperan con cautela. Me relatan que en la habitación tengo que valorar a un paciente que está en la misma habitación que su mujer y cuando entramos irrumpiendo en esta, la cara de miedo de ella rompe esa tranquilidad que hasta el momento me gobernaba. Él, dentro del estado en el que se encontraba, mantenía la calma, así que me hice cargo de la situación emocional antes de valorar si teníamos que bajarlo a la UCI. Leí sus nombres antes de entrar y nos presentamos educadamente, me acerco a ella y cogiéndole la mano con mi mano enguantada, le pregunto cómo se encontraba? Ella responde que bien pero que su marido no lo veía muy fino, me hizo gracia su jerga y le pedí que se mantuviera tranquila que todo iba a salir bien. Y dándome la vuelta procedí a la valoración de él que permanecía allí, tranquilo pero con gran trabajo respiratorio. Sabía que me lo tenía que bajar para poder tratarlo mejor y que si la hipoxemia se agravaba tendríamos que dormirle e intubarle. Él no cambió el gesto de su cara, como si ya conociera mi discurso, pero cuando me di la vuelta para explicárselo a ella, sabía que esto le iba a doler más a ella que a él, y yo no era ajena a ese sufrimiento. Ella se estaba echando manos a la cara y poniéndose a llorar, exclamaba ay Dios mío, de forma repetida como si fuera el final de sus días. Intenté mantenerla tranquila y mientras los celadores se llevaban la cama de él fuera de la habitación, ella se incorporó para coger su mano aprentándola con las suyas y como si de un guante se tratara, esas cuatro manos huesudas y llenas de venas comenzaban a desenlazarse entre los sollozos de ella, no sin antes de recibir un beso que él con toda la ternura del mundo le dio en el dorso de su mano, a lo que ella contestó besándole en los labios y acariciando su cara. Fue entonces cuando la desolación se hizo palpable, ella se derrumbó a llorar sentándose en su cama, desconozco los años que llevarán compartiendo su vida juntos, pero ver cómo se va tu compañero de viaje sin saber si tiene billete de vuelta, rompe en pedazos a cualquiera y yo solo podía decirle que todo saldrá bien e intentar por todos los medios que esto se cumpliera. 

Una piensa que está preparada para cualquier cosa y cuando ves este tipo de escena te das cuenta que te arañan hasta el mismísimo alma y que no eres esa superhéroe que la gente piensa, que debajo de esta mascarilla y este traje, la piel también se rasga y desgasta. Iba intentando tragar ese nudo que se me hizo en la garganta mientras salía de la habitación y mientras acompaña la cama por los pasillos hacia el ascensor, no había palabras que calmar la desesperación de aquella mujer, ni pastilla que curara ese dolor, el de la incertidumbre de no saber si volverá a verle otra vez. 

2 pensamientos sobre “MARTES 7 Y MIÉRCOLES 8 DE ABRIL”

  1. He descubierto hoy su blog, y francamente, me ha impresionado tanto su labor sanitaria como su humanidad. Le deseo lo mejor.

  2. GRACIAS
    No sé cómo vamos a devolveros todo lo que estáis haciendo.

    Cuando mi hija de tres años juega a que es médico y me cura se me saltan las lágrimas porque os tengo muy presentes

    Espero que cuando todo acabe podamos encontrar la forma de recomponeros, porque aunque os hagáis los fuertes, tiene que ser muy duro

    Así que ánimo y a seguir salvando vidas.

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