SÁBADO 21 MARZO

Son las ocho de la mañana y suspiro hondo. Por fin he podido conciliar el sueño gracias a esa bendita medicación que opté anoche por tomar. Hoy tengo día de descanso. Me despierto triste pero con ganas de cooperar y ser productiva aquí desde casa. 

Mientras me lavo los dientes no puedo sacar el pensamiento de mi cabeza sobre qué tal estarán algunos de mis compañeros intensivistas en zonas otras zonas más afectadas. Y, al enjuagarme, sin darme cuenta me encuentro frotando mis manos bajo el chorro de agua con ese pulido protocolo que un día aprendimos de forma banal y que hoy es vital. 

Camino hacia la cocina y, tras padecer el hostigamiento de trabajar en una zona cero en mi hospital, el silencio me acoge, me apremia con su paz. Lo contrasto con el bullicio de estos días en la UCI. Creo que echo de menos estar allí, ¿extraño no? 

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VIERNES 20 DE MARZO

De nuevo me despierto en la mitad de la noche. Esta vez no enciendo la luz, prefiero el silencio, que ahora me transmite paz y tranquilidad. Me dirijo a la cocina a hacerme un café y escucho las noticias, todas sobre nuevos infectados y nuevos fallecidos por Covid-19. 

A continuación abro el whatsapp del trabajo y leo con alegría que cuatro compañeros se han hecho las pruebas Covid y han dado negativo. Seguimos siendo los mismos en esta dura batalla, sin aún ninguna pérdida. Un rostro pícaro emergió de mi cara. Vaya, Covid, no eres invencible. 

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MIÉRCOLES 18 Y JUEVES 19 DE MARZO

Desperté nuevamente en la mitad de la noche (04:15 a. m.) sintiendo cómo una gran bola pesada se balanceaba en el interior de mi cerebro. Enciendo la luz de mi habitación sabiendo que no molesto a nadie. Hemos decidido de mutuo acuerdo dormir separados y sé que no soy la única sanitaria que está siguiendo esta medida. 

Me incorporo y me dirijo a mi refugio intelectual. Estoy engullendo rápidamente artículos o protocolos sobre el Cov-2 cuando noto detrás de mí alguien muy especial mirándome con su bonita sonrisa… Me mira y me suplica que hoy tenga especial cuidado y entonces se va. Él, como tantos miles de personas en estos momentos, trabaja en una empresa de primera necesidad. Suspiro y murmuro: «Tú también cariño, tú también». 

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MARTES 17 DE MARZO

No duermo bien (como tanto millones de españoles). Me levanto antes de tiempo y como siempre vienen mis perros a saludarme. Hago un desayuno fuerte y dejo todo preparado para el tiempo en que estaré ausente. 

Conduzco hacia el hospital. Me llama la atención los pocos coches que hay en la carretera y cuando entro en el hospital observo que todo el mundo lleva la mascarilla puesta. 

Antes de entrar en mi unidad, me cambio y me pongo mi pijama. Salgo del vestuario y de camino a mi unidad percibo que dos personas que iban andando en dirección opuesta a mí, se retiran de una forma brusca. 

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LUNES 16 DE MARZO

Hoy es día de descanso. Me he levantado a la misma hora que siempre y han venido mis mascotas a saludarme. Mientras desayuno el primer café miro el horizonte desde mi salón. 

Me meto en mis redes sociales y esbozo una ligera sonrisa al comprobar que capítulo 1 de mi diario ha sido leído y compartido por tanta gente conocida y desconocida a su vez. Gracias. Respiro hondo: ¡Todos juntos podemos! 

Mis compañeros de la UCI

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SÁBADO 14 Y DOMINGO 15 DE MARZO

Ya no es nada como antes, lo sé. Me levanto a las siete de la mañana, dejo todo preparado para que la niñera que cuida mis hijas tenga todo lo que le hace falta, mi marido, que iba a salir con la bici, tras las últimas noticias es consciente de la nueva realidad y se queda en casa. Yo me dirijo al trabajo, sabiendo que cuando vuelva nunca va a ser igual. 

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